Mónica Torres
A GUARDA / LA VOZ

Una pareja regresó de Canadá y trajo la colección en contenedor
Pedro Ruibal y Daniela Monteiro, que son matrimonio y socios, han reunido en pleno centro de A Guarda un universo difícil de abarcar de un solo vistazo. Tras el mostrador de El Mundo de los Mini Coches, el establecimiento que ambos acaban de abrir, se despliegan vitrinas y estanterías que albergan más de 30.000 vehículos a escala y cerca de 3.000 referencias, con especial protagonismo para los codiciados Hot Wheels de Mattel.
Para trasladar la colección hasta Galicia no bastaron cajas ni furgonetas de mudanza. Fue necesario un contenedor de 40 pies (unos doce metros de largo). Dentro viajaban miles de piezas cuidadosamente embaladas tras la decisión de la pareja de adelantar su regreso desde Canadá, donde el negocio funcionaba exclusivamente online.
La trayectoria de Pedro Ruibal poco tuvo que ver inicialmente con vitrinas o escaparates. Camionero de profesión, recorrió durante años rutas continuas entre Montreal y Los Ángeles. «Era una vida de carretera constante», resume. La pandemia marcó un punto de inflexión. «Cuando todo volvió a arrancar, vi compañeros agotados. Yo decidí que no quería volver a esa vida».
A los 53 años optó por un giro profesional que unía afición y experiencia. «Siempre fui un apasionado del automovilismo y, al mismo tiempo, me dedicaba a la creación de sitios web». De esa combinación nació el proyecto empresarial que ambos impulsaron durante tres años en Canadá, sin tienda física pero con una clientela consolidada a través de internet.
El regreso a Galicia ya figuraba en sus planes, vinculados inicialmente a la jubilación. Sin embargo, el contexto económico aceleró el calendario. Pedro Ruibal explica que los cambios en las condiciones comerciales y el impacto de los aranceles entre Canadá y Estados Unidos complicaron la viabilidad del modelo que mantenían hasta entonces.
La pareja se instaló en Oia y desde allí descubrieron el local del municipio vecino. «Pasamos por A Guarda, vimos el bajo vacío, llamamos y al día siguiente ya estaba hecho». La persiana subió el 7 de enero.
Apenas un mes después de la apertura, la evolución del negocio ya es visible. La tienda arrancó replicando el esquema canadiense, con un reparto aproximado del 80 % de ventas online y un 20 % presencial. Hoy, el equilibrio comienza a desplazarse hacia un 70 % digital y un 30 % en tienda.
El perfil de la clientela también se amplía. Aunque el negocio nació con vocación online, el local físico se ha convertido en punto de encuentro para aficionados, coleccionistas y curiosos. «Tenemos compradores de toda España, Portugal y empezamos a enviar pedidos a otros puntos de Europa».
Algunos días pueden llegar a vender hasta cien modelos reducidos, con precios que oscilan entre los 2,5 y los 300 euros. «Van desde niños de tres años hasta personas de noventa». Pero, más allá del componente comercial, el establecimiento funciona como un pequeño foco de atracción inesperado. No es raro ver a visitantes que entran movidos por la curiosidad y recorren el local como si se tratase de una exposición improvisada, deteniéndose ante vitrinas, comentando detalles o recordando vehículos que marcaron su infancia. La sorpresa inicial suele dar paso a la conversación y, en muchos casos, a la compra imprevista.
Los Hot Wheels ocupan un lugar destacado en el catálogo. En países como Estados Unidos, el coleccionismo de estas miniaturas forma parte de una afición especialmente arraigada, con comunidades de seguidores, encuentros y un mercado atento a lanzamientos, ediciones limitadas y referencias difíciles de encontrar. Lo que Pedro Ruibal y Daniela Monteiro han construido en A Guarda no es solo una tienda especializada. Es también la culminación de un giro vital. Del camión a las miniaturas. De Montreal a Galicia. Una decisión que cambió la carretera interminable por un proyecto propio. Y con un cartel en la puerta que, visto el brillo en los ojos de muchos visitantes, no parece exagerado: «Entrar en esta tienda puede crear adicción»
Referencias que atraen a cientos de personas
Aunque muchos modelos mantienen precios asequibles, parte del catálogo responde a un mercado de coleccionismo consolidado. Ediciones limitadas, series especiales o referencias descatalogadas concentran el interés de aficionados que siguen lanzamientos y buscan piezas difíciles de encontrar. La demanda se mueve por detalles mínimos: variantes de color, cambios en el embalaje o tiradas reducidas que convierten determinadas referencias en objetos especialmente codiciados dentro de este ámbito.

